viernes, 12 de octubre de 2007

Critica de Arte,por Carlos Lastarria,Diario "LA Estrella" de Valparaíso

(Texto íntegro extraído sin edición de la página del Diario "La Estrella" de Valparaíso, del Martes 9 de octubre de 2007)

Un Concurso Deplorable

Por Carlos Lastarria H.

En la sala de exposiciones del Casino Municipal de Viña del Mar se está exhibiendo la reciente versión del concurso de Pintura "Salón de Viña del Mar", evento organizado por la Corporación Cultural de la misma ciudad y que, desde hace unos años, en que volvió a convocarse, ha querido ser el heredero de los antiguos Salones de Verano.

Sin embargo, ha estado lejos de la trascendencia que aquellos salones tuvieron durante los años '40, '50 y '60. Con las obras premiadas en esas décadas de concursos se conformó la colección contemporánea del Museo de Bellas Artes de Viña del Mar.

La mayoría de los grandes valores contemporáneos estuvieron en esos salones. Roko Matjasic, Pedro Luna, Arturo Gordon, Luis Torterolo, Israel Roa, Sergio Montecino, Augusto Barcia, Samuel Román, Rodolfo Opazo, Inés Puyó, Ximena Cristi, Ana Cortés, etcétera.

Con las obras de los últimos concursos, difícilmente esa experiencia podría repetirse. Baste ver los resultados exhibidos en el Casino. O la convocatoria no tuvo suficiente resonancia, o llegaron muchas obras mediocres, o simplemente no hubo interés por participar.

Sólo 21 pinturas seleccionó el jurado. De todas ellas, no hay mucho que decir. La muestra se ve pobre, poco representativa del quehacer artístico actual y, sobre todo, muchas pinturas no tienen sustentación estética y plástica. De eso son suficiente muestra los dos primeros premios.

Margarita Garcés obtuvo el primer lugar. Una pintura confusa, donde las manchas y el exceso de textos, bastante poco legibles, la sitúa en el informalismo heredado de la familia Balmes, de la cual la pintora parece ser tributaria y seguidora.

El segundo lugar recayó en el porteño Giancarlo Bertini, que hoy por hoy es sólo un nombre para recordar y tener presente. Ha perdido los rasgos esenciales que le caracterizaron. Poco definido, suciedad en el color, elementos aplicados sin un orden claro y la simbología un tanto arbitraria y sin unión sustentan un premio dado en uno de sus peores momentos creativos. El desorden compositivo es sólo un reflejo del propio autor.

De los demás expositores no hay mucho que decir. Escapan a la medianía. Nicolás Reyes, fiel a sus postulados. Lobsan Durney, inmerso en su mundo de maquinismo cósmico. Andrés Herrera, con aciertos en su paisaje ocre gris. Patricio Caldera, con sus conjuntos de personajes detenidos en el tiempo. Marcel Vega S., con un adecuado tratamiento de los verdes y celestes en una pintura donde la inquietud ha dado paso a la tranquilidad. Francisco Tarifeño y su urbanismo cercano al surrealismo, pero con bastante oficio. Y J. Rostovic, con sus ramas de buen nivel compositivo.

Ronald Smith se enfrenta a un desafío. O el paisaje o la figura. Ambos se molestan y lo académico de la figura molesta al tratamiento general y al fondo un tanto velado. El contraste no es una buena solución.

S. Flores abusa de los rojos y de siluetas que ocultan la mediocre figura. María Eugenia Akel se sostiene con su línea de siempre, sin especulaciones y con adecuado y discreto uso del collage. María Luisa Saínz, por su parte, debe disminuir los elementos que incorpora al cuadro. Le falta acentuar la síntesis. De los veintiún seleccionados, los de la región no alcanzan la decena y los demás, de segundo o tercer nivel, seguramente procedentes de la capital.

Dos casos pueden ser considerados como los más increíbles en las determinaciones del jurado. L. Aravena realizó una especie de charquicán pictórico. Sus apropiaciones de los elementos y motivos de otros artistas son increíbles y la falta de originalidad es lo más notorio.

También María Francisca Lohomann y su evidente semejanza con los tradicionales paisajes de Augusto Barcia y sus composiciones expresionistas en tonos azules.

Por seleccionar y hasta destacar esas obras y otorgar los premios y reconocimientos, el jurado de esta versión del concurso merece una medalla de lata. Así visto, el Salón de Viña del Mar ha sido un esfuerzo que no constituye ningún aporte al panorama artístico local y mucho menos nacional

2 comentarios:

pablo dijo...

Pero de que estamos hablando señor lastarria,con que autoridad y moral puede venir a siquiera hacer un comentario de las obras expuestas en el salon;es cierto talvez no es de lo mejor que hallamos visto en la pintura nacional ,pero de una manera u otra considero que los trabajos alli expuestos son honestos y "simpáticos",ahora bien,no es solo culpa del los artistas sinó tambien del jurado,que, deun tiempo a esta parte,solo premia pensando en el living de la casa...
de todas formas lo que se vé en el casino supera sobremanera lo visto en concursos como"mi ciudad"que tienen "0"REPERCUSIÓN Y TRACENDENCIA(PARA QUE MENCIONAR LAS OBRAS)LO BUENO ES SABER QUE LOS ARTISTAS NO HACEN CASO A SUS PALABRAS SINÓ TERMINARÍAN PINTANDO COMO EN EL DECIMONÓNICO,O PEOR AÚN COMO SUS FAVORITOS...
PD:YO NO QUEDÉ SELECCIONADO!!

Maria Paulina dijo...

En ciertos aspectos estoy absolutamente de acuerdo con el Señor Lastarria.
La muestra no es de lo mejor.
También estoy de acuerdo en que tal vez el problema sea del jurado, ya que el primer y segundo premio utilizan recursos similares, como incluír texto, son más de lo mismo...
Además si nos apegamos a las bases del concurso, el primer premio independientemente de su calidad pictórica, con la que podemos estar de acuerdo o no ( es muy notoria la herencia del estilo Balmes),debió quedar fuera ya que no cumple la condición de ser entregado enmarcado y sus bordes protegidos al menos con un listón.